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El Casillero del Rey

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Paul Badura-Skoda - Diego Cayuelas [B90] Barèges (Altos Pirineos, Francia) - 24. 07. 2003

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Ajedrez y Música

Tras las presentaciones y ya durante la comida, la conversación se orientó con toda naturalidad hacia el ajedrez. Le dije al Maestro que lo había visto hacía unos días en la televisión, tocando con David Oistrakh unas sonatas de Mozart ( milagros de la tecnología, ya que el gran violinista ruso nos dejó hace ya bastantes años ), y él me repuso que habían sido buenos amigos y que jugaron juntos al ajedrez. Durante un rato hablamos de jugadores de ajedrez. Le conté que Vishy Anand, el campeón indio, a quien ambos admiramos por su inmenso talento y en quien cabe apreciar no menos la simpática sencillez de que hace gala, vive como yo en el pueblo de Collado Mediano, en la sierra madrileña. También hablamos de Fischer y otros ajedrecistas fabulosos y así, de hilo en aguja, salió en la conversación el caso de Marc Taimanov, quien hace unos treinta años estuvo entre los mejores jugadores del mundo; de hecho, una variante de la siciliana lleva su nombre, nada menos. Lo que quizás ya resulte menos conocido para los ajedrecistas es que las grabaciones discográficas que Taimanov realizó junto a su esposa, a dos pianos, son fenomenales y siguen siendo modélicas hoy día, en especial las consagradas a Rachmaninoff, verdaderamente bellísimas. En España probablemente sea Miquel Farré, el magnífico pianista de Terrassa, el mejor músico ajedrecista, pues alcanzó el título de maestro internacional en una época en la que se podían contar con los dedos de una mano, y aún sobraban, los grandes maestros de nuestro país.

Paul parecía muy contento de haber encontrado un poco de complicidad ajedrecística entre tantos músicos y sonriendo incluso alabó el vino, talcualillo, que acompañaba a la comida. Según dijo, lejos de impedirle jugar ajedrez, beber vino le inspiraba. Le pregunté si conocía el librito atribuido a Leonardo Da Vinci*, sobre buenos modales, en el que el polistor alecciona al jugador de ajedrez sobre la conveniencia de hacer beber vino en abundancia al rival antes de jugar una partida, y, a ser posible, situarle de cara al sol, si de día, o del lado peor iluminado, si de noche. Alguien me contó que se encuentran en esas páginas ciertas recomendaciones sobre cómo comportarse en la mesa que, huelga decirlo, tampoco tienen desperdicio. Mi interlocutor contestó que no lo conocía pero que parecía prometedor. Le dije que ya éramos dos, que yo sólo lo conocía de oídas, y, ante su interés ( me pareció entrever un rápido brillo en su mirada ), añadí que de encontrarlo con gusto le ofrecería un ejemplar. Seguimos charlando sobre esto y aquello, libros de ajedrez, literatura, y así salió a relucir que su libro "el arte de tocar Mozart en el piano" ( todo un clásico, originalmente publicado en alemán en 1972 y rápidamente traducido al inglés, al francés, al japonés, al ruso, etc. ), increíblemente, aún no se hallaba en español, aunque había habido un par de intentos, aclaró, fallidos por la mala calidad de la traducción. Yo tengo la versión francesa y he de decir que es uno de los libros sobre música de los que más he aprendido; aún lo releo. Ambos coincidimos en que el texto francés está muy bien escrito y él me aseguró entonces que de hecho es lo bastante bueno para traducirlo al español y que me enviaría los borradores. Como no podía ser de otra forma, acordamos jugar una partida amistosa después de comer, que transcribo a continuación.

1.e4 c5 2.Cf3 d6 3.d4 cxd4 4.Cxd4 Cf6 5.Cc3 a6 Aunque dudé un poco en hacer 5...g6, entrando en la defensa del dragón, al final me decidí por la Najdorf. 6.a4 Algo sorprendido, ya que no recuerdo haberme enfrentado antes a esta jugada, decidí, ahora sí, jugar el fianchetto de rey, buscando un esquema que me fuese familiar. 6...g6 7.Ac4 Este movimiento sale ya de la teoría aunque es perfectamente jugable. Lo normal y más elástico es jugar el alfil a "e2". 7...Ag7 8.Ae3 Dc7 9.Ab3 Cbd7 10.0-0 Cc5 Me sentí contento al obtener la pareja de alfiles. En realidad las negras no han completado su desarrollo y el juego está muy igualado, pero para mí era importante deshacerme del alfil "siciliano-español" y me congratulé de que el blanco no hubiese optado antes por una jugada más flexible. 11.f3 Cxb3 12.cxb3 La idea es ocupar la columna abierta con la torre, aprovechando la situación de la dama negra. Sin embargo ésta tiene buen juego, vía "a5".Tomar en "b3" con el caballo es equivalente; la partida está igualada. 12...h5?!

 

Reconozco que no es una gran jugada, ya que ahora las blancas también disponen de 13. b4, que impediría el movimiento de mi dama a "a5", truncando la idea que yo acariciaba: trasladarla al flanco de rey. [>=12...Da5 y las negras están muy bien.] 13.Tc1 [Contra 13.b4!?+/= la respuesta menos conformista parece 13...Dc4!? La dama negra se adelanta a la jugada de la torre blanca, a "c1", para evitar ciertas variantes que la encasillarían en la retaguardia. (Por ejemplo, si 13...Ad7 14.Tc1 Tc8 15.Cd5!?) 14.b5 0-0] 13...Da5 Naturalmente. 14.Dd2 [14.Cde2!? h4 (14...Ae6!?) 15.Cf4 (15.Ad4 e5 16.Ae3 Ae6! 17.Dxd6 Td8) 15...Ah6 (15...h3? 16.Ccd5+- y la doble amenaza es imparable ya que las blancas amagan la jugada del alfil a "b6", que capturaría la dama negra, para saltar con el caballo a "c7".) ; 14.f4 Ad7 (14...0-0) ] 14...h4 [14...Ad7] 15.Df2 [15.h3] 15...Dh5 16.h3 [16.f4?! Cg4 17.Dd2 h3=/+] 16...Ad7 17.f4 0-0 18.Df3 Esta jugada me molestó un poco, pues aunque parezca absurdo, la idea de un eventual cambio de damas me desagradaba, ahora que había conseguido realizar mi "brillante" maniobra. Sin embargo, parece que las negras quedan algo mejor si aceptan el cambio. [18.Cf3 Ae6 (18...Ac6!?) 19.Dxh4 Dxh4 20.Cxh4 Axb3] 18...Tac8 [18...Dxf3! 19.Cxf3 (19.Txf3) 19...Ac6=/+ 20.e5 (20.Cxh4? Cxe4+/-) 20...dxe5 21.fxe5 (21.Cxe5 Cd5 22.Cxd5 Axd5 23.Af2 Axb3 24.Axh4 g5! 25.Ag3 gxf4 26.Axf4 Axa4) 21...Cd7 22.e6 Axf3=/+] 19.f5

Aquí Paul propuso dejar la partida suspendida, puesto que ya era la hora de ir a probar el piano del concierto: "quince minutos son suficientes", había asegurado a los técnicos afinadores durante la comida del mediodía, poco antes de empezar la partida, hacia las doce y media. A la postre, no sólo parecieron más que sobrados esos minutos, que, una vez probado el Blüthner de concierto, le bastaron a nuestro hombre para dar abundantes y precisas instrucciones a los técnicos, que le escucharon con toda atención, sino que Paul aún se reservó la opción de escoger para su recital el piano de tres cuartos de cola, con el que finalmente tocó dos días después. Eso sí, después de solicitar a los responsables numerosos cambios en la mecánica del instrumento, sobre los que los técnicos hubieron de emplearse a fondo ( Gwenaël, el técnico principal, y Gérard, responsable de los pianos, me confiaron después que iban a ser necesarias muchas horas también para devolver el instrumento a su anterior estado, o al menos para intentarlo ) y sobre todo, tras manipularlo él mismo un buen rato según pude comprobar. Si bien no es muy común preferir un piano más pequeño a uno de concierto ( gran cola ), en este caso, a juzgar por cómo se desarrolló el recital, parece que el maestro no se equivocó...así, el discurso de los delicados pasajes cantabile no se vio empañado en ningún momento por los graves, menos poderosos y más nítidos que los del modelo gran cola. Tampoco oímos entonces un único instrumento, pues los registros parecían pertenecer a pianos diferentes, de modo que las combinaciones tímbricas no cesaban de sorprender y maravillar a un público encandilado, aún cuando las obras escogidas para el programa fuesen bastante conocidas, al menos para los pianistas. Para mí, además, fue como si las interpretaciones de las variaciones en fa menor de Haydn y de la sonata "Appassionata" de Beethoven, en idéntica tonalidad, incluyeran esta vez todos los matices, articulaciones y fraseos que "faltaron", sin yo saberlo, en las ocasiones anteriores en que las escuché, aunque recuerdo también formidables versiones en directo de Richter y Pollini. Ahora bien, claro está que tan sólo unos pocos elegidos son capaces de lograr que las obras maestras musicales aparezcan como diferentes, y hasta nuevas, aún cuando ya se hayan escuchado mil y una veces; en ese sentido, la interpretación ( la audición ) en vivo aporta un valor añadido. En la segunda parte, que estuvo dedicada a Schubert, y en la que escuchamos una selección de valses además de la sonata póstuma en si bemol mayor, milagrosa, también nos brindó el Maestro una estupenda lección magistral, y algunos reticentes, sin duda demasiado alejados en una sala de gran belleza, pero tremendamente alargada y en consecuencia de una acústica irregular, debieron finalmente rendirse ante la desprejuiciadora descarga de emoción transmitida. No olvidaré la intensidad musical de esa noche; aunque conocía sus discos y le admiraba, era la primera vez que escuchaba a Paul Badura-Skoda en directo. Durante su recital en la abadía de L'Escaladieu estaba Paul como poseído, en el sentido más artístico del término, y así, hacía resonar, evocándolos, instrumentos antiguos, con un empuje y un entusiasmo renovados por la osada sabiduría de sus ágiles setenta y cinco octubres y con la familiaridad que su fenomenal erudición le procura hacia la época clásica y sus más eximios representantes; quizá su piano de Viena, el que fuera de Beethoven, importe algo en tal asunto. Sabido es que Paul Badura-Skoda posee una rica colección de instrumentos de tecla antiguos. Según nos contó la víspera de su concierto, mientras nos deleitábamos en casa de Louis y Gisèle con la más deliciosa comida campestre que quepa imaginar, Paul tiene en su casa un piano que perteneció a Beethoven y que está, según sus palabras, en bastante buen estado.

Pero sigamos con la partida, que precisamente proseguimos justo antes del memorable convite en la montaña de Barèges. Discretamente, Paul y yo nos alejamos algo de la casa y de los preparativos culinarios para continuar la partida que habíamos empezado la víspera, en la pequeña biblioteca de l'Hospitalet, la residencia de vacaciones adonde acuden los profesores, artistas y estudiantes del festival "Piano en los Pirineos" a las horas de las comidas y también para participar en otras actividades como conferencias y clases magistrales. Una vez que hubimos encontrado un lugar apartado y tranquilo, nos instalamos con nuestro ajedrez de bolsillo en medio de la belleza salvaje que nos ofrecían las impresionantes montañas y me puse a pensar como un desesperado, ya que tocaba mover a las negras y no era cuestión de cometer un error. Aunque no veía que ninguno de los dos bandos tuviese ventaja, no por ello estaba dispuesto a cederle ni un ápice de terreno a mi rival, quien, justo es reconocerlo, me impresionaba un poquito, y no sólo por ser uno de los más grandes músicos, que había tocado maravillosas sonatas de Mozart con Oistrakh y jugado asimismo al ajedrez con "el rey David": "él era un maestro y jugaba mejor que yo, aunque no había tanta diferencia de nivel como para que se aburriese jugando conmigo, así que nuestras partidas eran bastante interesantes y reñidas...". Habría resultado ciertamente interesante conocer esas partidas, que lamentablemente no fueron anotadas. ¡Ay!, si al menos uno pudiera consolarse reproduciendo las disputadas entre Oistrakh y su amigo el compositor, también ruso, Serguei Prokofieff**, que parece que no son precisamente "moco de pavo". Quizás algún lector afortunado sepa de su paradero...

No, mi nuevo amigo ( mi adversario ) no sólo me imponía respeto por su excepcional talento artístico, sino que además me desorientaba un tanto el notable desparpajo que mostraba efectuando los movimientos con facilidad y hasta bebiendo vino antes de jugar. Bien es cierto que, una vez sentados y listos para continuar la partida, yo tenía el sol de cara, por lo que no protesté ( se me ocurrió pensar que quizás Leonardo Da Vinci habría estimado que de ese modo estábamos en paridad; por otro lado, ni yo le había instado a beber el día anterior, ni creo tampoco que él buscase "deslumbrarme" en esta ocasión ). En cualquier caso, de ningún modo quería yo perder esta partida, cuya disputa había levantado un cierto tufillo de expectación entre los colegas y amigos del festival, fueran o no aficionados al ajedrez, fueran o no pianistas. Mi contrincante se conducía como si esperase ganar; sin embargo eso sólo sucedería si yo incurría en una pifia, ya que nuestras fuerzas andaban parejas y la posición era más bien sosa. En fin, ¿he dicho ya que Paul me caía bien? Pues así es, me resultaba simpático, debo confesarlo, y esto era ya demasiado para mi espíritu de lucha: ni hablar de perder la partida, hasta ahí podíamos llegar; en cambio, si se terciaba, mi espíritu de lucha y yo estábamos dispuestos a conceder un honroso empate.

19...e5 Debo decir que estaba bastante tenso y pensé un buen rato antes de hacer esta jugada; los críos se acercaron a mirar y tuve ciertas dificultades para alejarles, sobre todo a Gari, el más pequeño, hasta que lo envié a pedirle a su madre un poco de "tenemacá": funcionó. [19...Dxf3 ( Probablemente la mejor opción para el negro, aunque no se me hacía fácil calcular a partir de esta jugada ) 20.Cxf3 a)20.gxf3 gxf5 21.Cxf5 (a)‹21.exf5 e5) ; b)20.Txf3? Cxe4-/+; 20...gxf5 21.exf5 Axf5=/+; 19...Rh7!? ( Pensé seriamente en hacer este movimiento, pero tampoco era simple prever las numerosas respuestas de que dispondría el blanco y sus consecuencias ) 20.fxg6+ a)20.Dxh5+ Cxh5 21.fxg6+ (a)21.Tce1 Ae5 (a)21...Tfe8) 22.fxg6+ Rxg6 23.Cf3) 21...fxg6; b)20.Tfd1; c)20.Af2 gxf5 (c)20...Th8 21.fxg6+ fxg6=) 21.Dxh5+ Cxh5 22.Cxf5 (c)22.exf5? Axd4) 22...Axf5 23.exf5 Cg3 24.Axg3 hxg3=/+; d)20.a5; e)20.Dd1; 20...fxg6 (20...Rxg6? 21.Cf5+/-; 20...Dxg6~~) ] 20.Dxh5 [20.fxe6 fxe6 21.Dxh5 Cxh5 22.Txf8+ Rxf8 23.Td1 ( La torre ocupa ahora esta columna semiabierta ejerciendo presión sobre el peón en "d6" y al mismo tiempo defendiendo el caballo de "d4", con la idea de liberar de esa función al alfil si éste saliera a cazar el peón de "h4" ). 23...Af6 La partida está igualada.] 20...Cxh5 21.Cde2 [21.Cf3 gxf5 22.exf5 (22.Cxh4 f4-/+) 22...Cg3-/+] 21...gxf5 22.exf5 Tfe8

Aquí propusieron las negras tablas, que fueron rechazadas por el blanco; en todo caso, si hay ventaja, ésta es mínima y corresponde al bando negro, que posee dos peones centrales pasados y ligados. De todas formas hubo que interrumpir otra vez la partida porque los niños vinieron de nuevo, esta vez para anunciarnos que íbamos a comer. En el transcurso del suculento festín, al aire libre, y en un ambiente convival, se habló de muchas cosas interesantes, bromeamos, Paul bebió vino ( blanco y tinto, aunque esta vez ya no me sorprendió e incluso me animé, ya más relajado, a hacerle los honores a un vinito de Córcega que resultó bien gustoso ), nos hicimos fotos y en resumen, fueron muy gratos momentos para el recuerdo. Hasta nos trajeron los niños una preciosa rana que habían capturado, para que la admirásemos. Louis, tan maravilloso anfitrión como Gisèle, su esposa, se encargó de que la devolvieran al "sitio donde vivía". Después de comer continuamos la partida mientras tomábamos café, ya que nuestros amigos fueron lo bastante generosos para permitírnoslo, ajenos a los entresijos del juego, pero sin duda curiosos también acerca del devenir de la lucha. Thierry se acercó un momento a observar y comentó que nunca había aprendido a jugar bien; le dije en broma que yo tampoco, pero que, visto el pianista, mejor que no se dedicase también al ajedrez, lo que fue tomado sin duda de la mejor manera, entre risas. Los movimientos que vienen a continuación se hicieron con rapidez y como consecuencia de ello llegó el error de las blancas en la vigésima cuarta jugada, que dejó a las negras con gran ventaja, incluso para un aficionado. De todos modos, al final el resultado sería de empate. [22...b5!?; 22...Ac6!? 23.Ag5? Af6+/-] 23.Ag5 [Si las blancas apuntan a la debilidad en "d6" mediante 23.Tcd1 las negras se defienden bien con 23...Tc6 24.Ce4 Tc2! 25.Tf2 d5! 26.Cd6 (26.Txd5 Ac6 27.C2c3 Txf2 28.Rxf2 Axd5 29.Cxd5 Td8=/+) 26...d4=/+] 23...Af6 24.Ce4? Una equivocación, que deja al negro con clara ventaja. [Sin duda es mucho mejor 24.Axf6!

24...Cxf6 25.Tcd1 d5 26.Cxd5 Cxd5 27.Txd5 Ac6 28.Td2 (28.Td6 Ted8 29.Tfd1 Txd6 30.Txd6 Ae4 31.Cc3 Axf5 32.Th6=) 28...Rg7 Aunque las blancas tienen un peón más, la lucha puede considerarse igualada, o ligerísimamente favorable al bando negro, por cuanto la estructura de peones blanca es calamitosa y las negras poseen un valioso peón pasado en "e5", además de un fuerte alfil, preferible al caballo en este tipo de finales. 29.g4 hxg3 30.Cxg3 Tcd8 31.Tfd1 Txd2 32.Txd2 Th8!=/+] 24...Axg5-/+

Obviamente las negras están mejor, pero como no lo percibí con demasiada claridad ni me apetecía mucho volver a posponer la partida ( faltaba poco para bajar de la montaña e ir a dar las clases ), ofrecí por segunda vez las tablas, que esta vez sí fueron aceptadas. A propuesta del blanco ambos bandos realizaron todavía algunas jugadas, muy rápidamente; así se acordó por tratarse de una partida amistosa.

Instantes después se dio por concluido el juego; saludamos afectuosamente a nuestros amigos y regresamos a nuestras obligaciones profesionales. A media tarde, entre numerosas horas de práctica pianística y otros quehaceres, intercalamos un par de partiditas rápidas: la primera la perdí y en la segunda, que no concluimos, quedó planteada la defensa de los dos caballos. En ésas, cuando parecía que nos encaminábamos hacia la variante principal, el negro, en la quinta jugada, tomó con el caballo en "d5", lo que se considera inferior desde que Lolli publicase, en 1790, la jugada 6.d4!, más fuerte que 6.Cf7!?, el famoso ataque "Fegatello". Seguí pues la recomendación del maestro italiano, y como quiera que no fuese tarea nimia demostrar la teórica ventaja blanca en cada variante, analizamos algunas por encima y dejamos apuntada una posición que nos pareció interesante, poniendo así fin, al menos por el momento, a nuestras agradables sesiones de ajedrez.

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Al día siguiente por la noche asistimos a un concierto inolvidable, el de Paul, y después disfrutamos de una opípara cena, regada con un agradable vino de la tierra. El protagonista de la velada comió como siempre con excelente apetito y elogió de nuevo los vinos franceses, afirmando con ojos luminosos y una suave sonrisa: "...casi tan bueno como el de l'Hospitalet...".

Paul encantó a cuantos tuvieron el privilegio de tratarle en Barèges durante esos días. Su exquisita cortesía y su afabilidad le granjearon la simpatía y el cariño de los jóvenes pianistas y de los profesionales que allí se encontraban. Yo por mi parte no olvidaré los felices momentos vividos en su compañía, ni tampoco que tras su concierto, justo antes de aquella última cena, el Maestro me regaló una corbata.

 

 

*Nota. Pude darme cuenta de mi error leyendo el artículo sobre ajedrez y cultura publicado por Josep Mercadé en el nº 23 de la revista "peón de rey", pues en la conversación que sostuve con Paul confundí claramente a Leonardo con el canónigo de Zafra y dicen que confesor de Felipe II, Ruy López De Segura. Este sacerdote fue el mejor jugador de su tiempo y autor del más famoso libro de ajedrez de la época, el Libro de la invención liberal y arte del juego del Axedrez, publicado en 1561, amén de un sistema de juego que ha perdurado y florecido a través de los siglos: la llamada Apertura Española o Ruy López.

En 1982 apareció una libreta, atribuida a Leonardo Da Vinci, en la que el genio italiano habría anotado recetas de cocina y consejos sobre urbanidad. El documento (probablemente una mixtificación) se conoce con el nombre de Códex Romanov y ha sido publicado con el de Notas de cocina de Leonardo Da Vinci.

**Nota. Serguei Prokoffiev y David Oistrakh, extraordinarios músicos rusos, compositor y violinista respectivamente, disputaron en 1937, en Moscú, un famoso match al que asistieron entre otras celebridades el futuro campeón mundial Mihail Botvinnik y un jovencísimo Vassily Smyslov, que habría de ser asimismo campeón mundial, veinte años después, y también un excelente barítono de nivel profesional. Las partidas de aquel encuentro son poco menos que introuvables. No estoy muy seguro de haber visto al menos una de aquellas partidas largo tiempo ha: al hurgar entre mis libros para reproducirla de nuevo no ha aparecido por ninguna parte y eso me ha hecho recordar con pena que perdí muchos de mis libros de ajedrez hace ya dos decenios largos. Sin embargo, rebuscando aquí y allá, encontré que Prokoffiev no sólo fue un jugador fuerte, sino que, con suerte diversa, había disputado partidas con ajedrecistas tan ilustres como Tartakover, Lasker, Capablanca y Botvinnik, ahí es nada. El propio Botvinnik escribió elogiosamente sobre el juego de su "rival". Por otro lado, Prokoffiev, que debía de tener fama de ogro entre sus colegas músicos, se enfrentó también tablero de por medio a los excelsos compositores Delius, Ravel y Shostakovich, hemos de pensar que con éxito arrollador.

Mi sorpresa, que iba en aumento al descubrir las proezas ajedrecísticas de uno de mis compositores preferidos, fue ya mayúscula al encontrar en mi base de datos una partida disputada en Moscú, en 1914, entre Alekhine y Prokoffiev, que se saldó con victoria del segundo, con negras. Aún cuando cueste trabajo creerlo, ¡el inmenso Alekhine recibió una paliza terrible! Claro que eso le ocurrió por dar caballo de ventaja a su inspirado adversario...

Actualizado ( Lunes, 26 de Agosto de 2013 03:36 )  

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